ÁRABES Y JUDIOS PUEBLOS DE UN MISMO ORIGEN
Fernando Álvarez Simán*
http://mx.geocities.com/feralvarezsiman/
La guerra es política con muertes, la política es guerra sin muertes.
Al levantar la bandera de la paz en el Medio Oriente, pidiendo un inmediato alto al fuego, no hago más que participar de la idea mayoritariamente mundial de que Israel y Palestina deben existir como países independientes y soberanos, a pesar de las cargas históricas y religiosas, y muy especialmente de las nefastas consecuencias de la repartición de Palestina impuesta por la ONU para la creación del Estado de Israel, el 29 de noviembre de 1947, a pesar del rechazo de los países árabes limítrofes. Hoy, la realidad es otra, a pesar de guerras y otras hostilidades durante casi sesenta años, Israel tiene derecho a existir y a convivir en paz con sus vecinos, a pesar de la oposición de varios grupos extremistas de la región. Sin embargo los derechos del pueblo israelí no pueden justificar una política genocida por parte de su actual gobierno, ni pueden dar pie al desconocimiento de los derechos del pueblo palestino y de los pueblos árabes. Esa es la diferencia.
La decisión de Israel de bombardear las poblaciones del Líbano, Gaza y Siria está produciendo una crisis grave internacional que amenaza con extenderse a toda la región del Medio Oriente. Del mismo modo las promesas de traer la paz y la democracia a esta región y la paz a Palestina aprobando invasiones, está demostrando una crueldad sin límites al aceptar las naciones más poderosas de la tierra el aniquilamiento de naciones, en este caso Líbano. La barbarie de Israel en Líbano, Gaza y Siria, con la cual la cuarta fuerza militar de más alcance en el mundo está destruyendo sistemáticamente la infraestructura de esta región.
En estos momentos de confusión y de ceguera por la pretensión de controlar las fuentes de los hidrocarburos y establecer un enclave de obediencia norteamericana en Oriente Medio, nos inundan con propaganda dirigida a desdeñar, y hasta a despreciar la civilización árabe-musulmana.(Samuel Huntington, en el Choque de civilizaciones) Es hora de reconocer la enorme aportación a la historia de la humanidad de la gran civilización árabe-musulmana así como a las incalculables aportaciones de las tradiciones y culturas judías que han contribuido al progreso y a la civilización. Son estas reflexiones imprescindibles para desenmascarar un pretendido antisemitismo que no existe pero del que llevan décadas intentando aprovecharse algunos sectarios judíos que se han apropiado del concepto de "semita".
Los semitas son un conjunto formado por numerosos pueblos y culturas extendidos desde la antigüedad en un gran territorio del Medio Oriente y el norte de la península arábiga. El término semita fue utilizado hacia finales del siglo XVIII, para referirse a pueblos descendientes de Sem hijo primogénito de Noé. El término semita, desde entonces, hace referencia a los pueblos de lengua semítica, incluyendo a los árabes, los judíos, los etíopes y los arameos (comunidades del Líbano y norte de Irak). Los árabes, los nabateos y otros pueblos son tan semitas como los judíos. Nosotros, muchos occidentales europeos y americanos, también tenemos un rico componente semita sin el cual perderíamos nuestras señas de identidad. A comienzos del siglo XIX, cuando la lingüística histórica hace su aparición, se acordó tácitamente en denominar "semíticas" a las lenguas que no eran indoeuropeas, como entre otras, el árabe y el hebreo que pasarán a ser lenguas habladas por los "semitas" y esa diferencia entre "semita" e "indoeuropeo" ayudará a construir la errónea leyenda de la superioridad en beneficio de la raza aria, raza "superior" entre todas las razas, en términos de inteligencia, de nobleza, de fuerza y hasta de elegancia(?).
Cuando decimos judíos no estamos hablando de los israelíes que son, exclusivamente, los ciudadanos del Estado de Israel, cuando David Ben Gurión creó ese Estado bajo los auspicios de la ONU. Antes no había israelíes, y desde entonces, entre los ciudadanos del nuevo país, nación o Estado, muchos eran judíos, otros musulmanes y otros cristianos. Poco a poco, el pensamiento sionista, en su disparatada aventura de crear, el Gran Israel, que nunca ha existido en la historia salvo en la fantasía de una serie de fundamentalistas iluminados, pero que lleva explotando sin tregua el victimizarse por las persecuciones que los judíos han padecido a lo largo de la historia, pero sobre todo desde la persecución nazi que alcanzó su cúspide en el Holocausto.
Por motivos no siempre justificados ni transparentes, por el mundo existen muchas personas influyentes que poseen dos nacionalidades, el de su Estado de origen y el del Estado de Israel. Es una pretensión, cada vez menos defendible, de disfrutar de las ventajas de su país de origen y de una pretendida supranacionalidad que les podría permitir actuar financieramente desde Jerusalén, convertida en capital de un paraíso fiscal y, a la vez, formar parte del poderoso lobby sionista. Estos aventureros, que no el pueblo judío ni el pueblo de Israel, son responsables de los malentendidos y de las incomprensiones que padecen considerables honorables y justas personas. Hoy en día ya no se puede hablar del componente religioso como fundamental ya que una gran parte de estos propagandistas sectarios no profesan más religión que la del dinero, la del poder y la de una pretendida superioridad que sin rubor enlazan con el mítico concepto de pertenecer a un pueblo elegido, ¿por quién? Por eso es preciso desenmascarar a estos arribistas y considerar las circunstancias de los ciudadanos del Estado de Israel distinguiéndolos de los millones de judíos que viven desde hace siglos en los más diversos lugares del mundo, pagando sus impuestos, sirviendo en sus ejércitos, respetando sus leyes y cooperando en el progreso de esas naciones, que son las suyas. La confusión creada por personas sin escrúpulos nos ha llevado a la situación actual. Sólo el mutuo conocimiento y respeto podrá llevarnos a un mañana más justo, libre y habitable.
El Estado de Israel ya es un hecho refrendado por la comunidad de naciones y que debe merecer todo nuestro respeto, comprensión y ayuda. Lo inadmisible e injusto es que los palestinos no puedan disfrutar de los mismos derechos dentro de un Estado de Palestina reconocido. ¿Por qué les temen? ¿Por qué no han respetado y cumplido las repetidas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que les obliga a reconocer y a retirarse a las fronteras de 1976? ¿Por qué esa injustificable, agresiva y contra todo derecho, construcción del Muro en muchos tramos sobre tierras que pertenecen a los palestinos? ¿Por qué se han apoderado de las aguas que regaban sus campos y de la libre circulación entre naturales de unas mismas tierras mediante la construcción de ese muro que no puede generar más que reacciones de legítima defensa por parte de los despojados y exiliados en campos desde hace más de cuarenta años? ¿Es que los más de cinco millones de palestinos desterrados no tienen derecho a defenderse y a recuperar sus tierras? ¿Han cumplido los israelíes las resoluciones de la ONU que les obliga a retirarse de las tierras ocupadas en Cisjordania, los altos del Golán y Gaza? Se han empeñado en construir colonias ilegales en tierras que no les pertenecen. Ese es el criterio de los dictadores, déspotas y tiranos que pretenden aplicar la teoría del espacio vital y la guerra preventiva, en espera de proclamar la teoría de las fronteras naturales. ¿Establecidas por quién?
Y ante todo esto, nos declaramos semitas, mestizos descendientes de judíos y de árabes y exigimos el alto el fuego sin condiciones porque ninguna víctima civil es un daño colateral. Como hizo el rey de Dinamarca al ver sus tierras invadidas por las tropas nazis. Estos impusieron leyes racistas por las que los ciudadanos daneses judíos tenían que llevar una estrella amarilla cosida a sus ropas. El rey salió una mañana a caballo, sin acompañamiento, en un silencio que quitaba el aliento en Copenhague, llevando dos estrellas amarillas cosidas a sus ropas en el pecho y en la espalda. Que no tengamos hoy que ponernos la media luna como infamia porque las acompañaremos con la cruz y con la estrella de David.
Si bien es cierto rechazamos los ataques terroristas y al terrorismo como práctica de Hezbollah y de Hamas. Rechazamos que la búsqueda de terroristas termine en la masacre de pueblos enteros y la disolución de familias y la destrucción de la infraestructura de un país.
*PROFESOR INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD AUTONOMA DE CHIAPAS