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ARQUITECTOS DE CHIAPAS
Sábado, 08 de Septiembre de 2012 23:04

“La bondad del hombre,
me relega  hasta mí mismo.
La historia merece contarse,
detallarse con sinceridad,
sin pasiones y sin convencionalismos
pero reviviendo aquellos hechos del pasado…”
FRANCISCO D’AMICO

Gloria D’Amico
Dentro de la doctrina filosófica del ‘Determinismo’ se dice que hay ‘causales’ en la vida que se concatenan para que, de un presente, sucesos aleatorios como impredecibles, puedan cambiarse los destinos sugeridos por nosotros mismos; que nada ocurre por azar y que, ya todo está, desde un principio, predeterminado para un plan que, creado por Dios, no se puede cambiar.  De acuerdo al determinismo Teológico, Dios mismo que ha creado todo y sabe todas las cosas…el destino es un plan creado por Él que no puede ser alterado por los seres humanos. Podría yo asegurar que es esto cierto.


A  principios de los años 40s, para llegar de México a Guatemala se usaba la red de carga y pasajeros de los Ferrocarriles del Sureste que venían de la Ciudad de México a Veracruz, Coatzacoalcos, Itsmo de Tehuantepec, Arriaga-Chiapas y hasta la frontera con el país vecino… Accidentalmente algún día, un retraso hizo variar los planes de un señor italiano naturalizado mexicano que ejercía la profesión de Arquitecto y que debía llegar hasta Ciudad de  Guatemala y, aunque mexicano por naturalización, el temperamento que corría en sus venas, no estaba seducido de pasividad o indiferencia con que se reacciona aún en oficinas o en las ventanillas si es la hora de comer, ninguna información o un 'regrese en tres días’… la ‘italiananza’ llamémosle así, revivió su condición pero, no había respuesta a sus reclamos, ni encontraba perspectiva para aquél suceso y en aquél entorno; el poblado en que se había quedado: era Arriaga… y, aunque nacido casi al norte de la itálica península donde el oriundo es diferente a los del sur que son apasionados, tenía que conformarse a los oídos sordos; de pronto, comenta en sus memorias; una persona amable le abordó y le ofreció que para no quedarse en aquél pueblo, él, que era dueño de un ‘turismo’ así llamamos por buen tiempo a los autos compactos, iba a Tuxtla y le invitaba a viajar con él; era este señor amable Don Rogelio Anza,  aceptó pues de inmediato y, marcharon hasta la ciudad con muchas horas de un camino totalmente  diferente, y peor aún, del que hace poco conocimos…Su viaje fue de gran agrado y se hizo entre ellos una muy buena amistad que ha perdurado hasta generaciones… Al llegar a Tuxtla, Don Rogelio mismo le llevó a ‘La Casa del Viajero’, un muy buen lugar para hospedarse que pertenencia a Don José Domínguez y su esposa Doña Chabelita, una casa llena de solaz y de amabilidad en donde pronto se sintió como en la casa propia… por la noche se reunían a conversar personas con las que trabó amistad de inmediato, Don Moctezuma y Don Hernán Pedrero, Don Fernando Vázquez encargado de la Casa Farrera, Don Vicente Rubiera Cué, Don César y Don Arturo Lara, el Licenciado Don B. Daniel Robles, el Doctor Rafael P. Gamboa, el Dr. Antonio Cachón y varias personalidades de la época de los 40s igual que un grupo joven de ese tiempo, mecánicos de aviación entre ellos Miguel Torruco, que se preparaban al lado del Capitán Francisco Sarabia… El destino dicen pues, es un poder inevitable y sobrenatural… Tenía que fallar el tren en ese día, y que estar en el lugar el buen Señor Don Rogelio Anza para traer a Tuxtla al Arquitecto Francisco D’Amico… En estos días de reunión, Tuxtla no tenía una población extensa, se creó entre el grupo camaradería y, al conocer su profesión de Arquitecto, Don Fernando Vázquez le retó a ejecutar una marquesina que nadie quería hacer, que rodeara el frente de la Casa Farrera, el reto, comentaba Don Francisco, no era sencillo por ser la pared de adobes, pensando en la carga que significaba, pero sí, posible y fácil para él… aquella marquesina tendría una luz de 1.75 mts… Le comentó que tendría que ir a Guatemala a donde iba en principio, regresar a terminar un compromiso en Oaxaca y venir a Tuxtla a cumplir lo prometido y así fue… El Señor Vázquez tenía unos prismas de cristal que anhelaba como ornato y el Arquitecto  elementos necesarios… En la Arquitectura, se deben tomar pronto las soluciones, pero siempre imperar seguridad… Pidió ladrillos y los hizo machacar; los albañiles, comentaban extrañados, sobre aquella extravagancia… ¿Cómo desmoronar ladrillos?... Era para sustituir la grava que no había y para hacer la masa resistente; empezaba el Arquitecto a usar el ‘hormigón armado’ por primera vez en Tuxtla… La marquesina quedó como quería el Señor Vázquez, todo era cuestión de cálculo para que funcionara aquella luz y que duró mientras permaneció por muchos años: ‘Vicente Farrera Sucesores’… Este comercio conocido por los ’tuxtlecos de Tuxtla’ válgame la redundancia, en una época no tan lejana, estaba frente a Palacio de Gobierno, por lo tanto el entonces mandatario en turno Efraín A. Gutiérrez, siendo Ingeniero, pudo observar el trabajo arquitectónico y cuidado de D’Amico a quien, luego de terminado ese trabajo, le hizo venir de Guatemala y contratarlo para trabajar en Chiapas como Secretario de Obras Públicas. En esa época, relataba Don Francisco, el Gobierno pasaba duras penas económicas a pesar de los deseos del Gobernador para construir y cambiar a su Estado… el Arquitecto apasionado de esta tierra que le recibía con afecto, no pidió ostentosos sueldos y era un nuevo reto para él… así el Gobernador consiguió del empresariado tuxtleco un empréstito económico y se pudo trabajar haciendo obra importante hasta que el Gobierno Federal, colaboró con nuestro Estado. El Arquitecto D’Amico fue contratado nuevamente por el Doctor Rafael Pascacio Gamboa siguiente Gobernador del Estado… La historia estaba escrita. Vino después de Guatemala su hijo el Arquitecto Gabriel D’Amico y construyeron los dos en Chiapas y por toda la República cuando el Gobierno del Licenciado Don Miguel Alemán, para el Secretario de Salubridad el Doctor Rafael P. Gamboa.
Han pasado muchos años, el primer constructor con título de Arquitecto, dejaba como herencia en Chiapas a su profesión que ha sido de tal forma apreciada que hoy, después de él y su hijo el Arquitecto Gabriel D’Amico que llegó después y ambos sembraron la semilla, han fructificado ya generaciones de Arquitectos chiapanecos; de hecho, existe ya el Colegio de Arquitectos de Chiapas presidido por la Arquitecta Carmen Gordillo y este martes once, cumple justo su Cuarenta Aniversario de trabajo en unidad, entendiendo que, como aprecia el Arquitecto e Historiador Bruno Zevi, “La arquitectura no deriva de una suma de longitudes, anchuras y alturas de los elementos constructivos que envuelven el espacio, sino dimana propiamente del vacío, del espacio envuelto, del espacio interior, en el cual los hombres viven y se mueven.”… Es lo maravilloso de ser Arquitecto, que no es sólo la función de serlo sino, es integrarse al pensamiento de las Bellas Artes todas y sentirlas, y vivirlas, compartir el pensamiento de milenios donde el hombre se ha integrado a ellas, ser afín al pensamiento de los grandes constructores, urbanizadores de varios milenios de los que hay vestigios; de Marco Vitrubio de quizá hace veinte siglos y el legado de diez libros más antiguos existentes, un legado que descubre que la idea es universal, pertenecer a los procesos de los cambios dejando una huella, resolver, encontrar como Da Vinci halló sus formas, de Gaudí su estilo, los conceptos de Le Corbusier, Felix Candela y el paraboloide hiperbólico, en fin que, ser Arquitecto y dejar huella es ya, pertenecer a la Academia de las Ciencias y la esencia del vivir.


 
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